Guía completa de criterios de evaluación LOMLOE en ESO
Cómo se estructuran los criterios de evaluación en la LOMLOE, qué relación tienen con competencias y saberes básicos, y cómo aplicarlos en el aula.
Quien lleva un par de años con la LOMLOE encima sabe que la parte más confusa no fue el cambio de nombre. Fue darse cuenta de que la lógica de evaluación había cambiado: de un sistema centrado en contenidos y estándares de aprendizaje, a uno articulado alrededor de competencias específicas y criterios de evaluación, con los saberes básicos funcionando como contenidos al servicio de las dos.
Este artículo es una guía clara de cómo encajan estas piezas en ESO, sin entrar en los matices que cambian de comunidad autónoma. La idea es que termines de leer y tengas una imagen mental utilizable de cómo construir una unidad y evaluarla bien.
Las tres piezas básicas
Toda área o materia LOMLOE en ESO se organiza alrededor de tres elementos curriculares:
- Competencias específicas (CE): lo que el alumnado debe ser capaz de hacer en esa materia. Son enunciados largos del tipo "Producir textos orales y escritos coherentes con propósito comunicativo claro…".
- Criterios de evaluación (CrE): la forma en que se observa si una competencia específica se ha alcanzado. Vienen ligados a una competencia y se redactan como "actuaciones evaluables".
- Saberes básicos (SB): los contenidos —conceptos, procedimientos, actitudes— que el alumnado debe movilizar para que esas actuaciones sean posibles.
Lo importante: los saberes no se evalúan por sí mismos. Se evalúan a través de los criterios. Y los criterios solo tienen sentido como concreción de una competencia específica.
Es un orden invertido respecto a la LOMCE, donde los contenidos eran el punto de partida y los estándares de aprendizaje los puntos de llegada. En LOMLOE, las competencias son el punto de partida; los criterios definen el punto de llegada; los saberes son el material con el que recorres el camino.
Cómo se codifican los criterios
Cada criterio de evaluación tiene un código del tipo CrE.CC.MM.X.Y. No es la única forma de codificarlos —algunas comunidades usan variantes—, pero la lógica es siempre la misma:
- CC: el ciclo o curso (por ejemplo, ciclo de 1.º y 2.º de ESO).
- MM: la materia (Lengua Castellana, Matemáticas, etc.).
- X: el número de la competencia específica.
- Y: el número del criterio dentro de esa competencia.
Por ejemplo, CrE.LCL.1-2.3.2 se leería como "criterio 2 de la competencia específica 3 de Lengua Castellana y Literatura para el ciclo 1.º-2.º de ESO". No hace falta memorizar la nomenclatura: hace falta entender que cada criterio "cuelga" de una competencia, y cada competencia "cuelga" de la materia. Esa jerarquía es la que tiene que organizar tu evaluación.
Niveles de logro: la escala que sustituye al "1-10"
LOMLOE introduce —y aquí cada comunidad lo ha matizado a su manera— una escala de niveles de logro para cada criterio. La nomenclatura más extendida en territorio MEC y comunidades como Andalucía es:
| Código | Nombre | Equivalencia numérica orientativa |
|---|---|---|
| IN | Insuficiente | 0-4 |
| SU | Suficiente | 5 |
| BI | Bien | 6 |
| NT | Notable | 7-8 |
| SB | Sobresaliente | 9-10 |
Esto no es solo un cambio cosmético. La idea es que se evalúa por niveles cualitativos y solo al final, a efectos administrativos, esos niveles se convierten en una nota numérica para el boletín. La diferencia operativa es importante: en una evaluación criterial bien hecha, un alumno puede estar en NT en cuatro criterios y en SU en uno, y la nota final del trimestre integra esa imagen rica, no solo una media aritmética.
Algunas comunidades autónomas mantienen escalas paralelas o variantes de la nomenclatura. Lo común es que los descriptores de cada nivel los redacta el centro, partiendo de la concreción curricular oficial. Es decir: que BI en el criterio 3.2 de Lengua signifique exactamente lo mismo en tu departamento que en el del centro de al lado depende de que ambos hayáis hecho ese trabajo de descripción operativa.
Si tu centro no ha redactado descriptores propios para cada criterio y cada nivel, la evaluación criterial es solo de nombre. Es la primera tarea de cualquier reunión de departamento que quiera tomarse LOMLOE en serio.
El recorrido de una unidad: desde la competencia hasta la calificación
La forma más útil de entender todo esto es ver cómo encajan las piezas en una unidad real. Vamos con un ejemplo en Lengua Castellana de 1.º de ESO.
Punto de partida. Eliges trabajar la competencia específica que integra "comprensión lectora de textos descriptivos". Para que esa competencia se pueda observar, necesitas actividades en las que el alumnado lea, analice e interprete textos descriptivos.
Bajada a criterios. Identificas qué criterios de evaluación de esa competencia vas a movilizar. Pongamos que son tres: uno sobre identificación de la idea principal, uno sobre análisis del lenguaje figurado, y uno sobre producción de un texto descriptivo propio.
Selección de saberes básicos. Para que esos tres criterios puedan demostrarse, hay saberes que tienes que poner sobre la mesa: estructura del texto descriptivo, recursos literarios habituales (símil, metáfora, personificación), técnica de adjetivación. Esos saberes los enseñas en la unidad, los entrenas y los repasas, pero no los evalúas como contenidos sueltos.
Diseño de instrumentos. Decides cómo vas a recoger evidencia de cada criterio. La idea principal puede ir en una pregunta breve. El análisis de lenguaje figurado, en una actividad de subrayado y comentario. La producción, en un texto descriptivo de 200 palabras.
Aplicación de la rúbrica. Para cada uno de los tres criterios, tienes una rúbrica con cinco niveles (IN/SU/BI/NT/SB) y descriptores claros de qué se considera cada nivel. Corriges con esa rúbrica, no con tu intuición.
Calificación. Al final del trimestre, cada criterio tiene un nivel de logro consolidado (a partir de las distintas evidencias que has recogido). El sistema —tu cuaderno o la plataforma del centro— traduce el conjunto de niveles a una nota numérica según los pesos que tu departamento haya acordado.
Lo importante de ese recorrido no es la complejidad. Es que cada paso responde a una pregunta concreta: ¿qué quiero que aprendan? ¿cómo lo voy a observar? ¿con qué actividades? ¿cómo distingo un nivel de otro? ¿cómo agrego eso en una nota?
Errores comunes que conviene evitar
Después de un par de años de implementación, hay patrones de error que se repiten. Los más frecuentes:
Confundir saberes básicos con criterios. "Voy a evaluar las oraciones subordinadas" es evaluar un saber, no un criterio. La pregunta correcta es: ¿qué criterio de evaluación demuestra el alumnado al manejar oraciones subordinadas? Probablemente uno relacionado con cohesión textual o con análisis sintáctico, según la competencia específica.
Aplicar la rúbrica solo al final. La evaluación criterial es formativa, no solo sumativa. Los descriptores de cada nivel deberían orientar también la corrección continua: feedback en clase, autoevaluación del alumnado, coevaluación entre iguales.
Promediar todo a ciegas. No todos los criterios pesan lo mismo. No todas las evidencias tienen la misma calidad. Una rúbrica bien diseñada incluye decisiones explícitas de ponderación; una mal diseñada produce notas que parecen rigurosas pero esconden compensaciones que nadie quiso autorizar.
No coordinar entre profesores de la misma materia. Si el descriptor de NT para el criterio 3.2 lo interpretas tú de una forma y tu compañero de departamento de otra, las notas no son comparables. Las sesiones de calibración —cinco profesores corrigiendo el mismo examen y poniendo en común sus puntuaciones— son la única forma seria de garantizar coherencia.
Una mirada más amplia: por qué este modelo importa
El modelo competencial de LOMLOE no nació por capricho. La idea —discutible, como todo en política educativa— es que el aprendizaje memorístico produce resultados pobres en pruebas internacionales y, sobre todo, en transferencia a la vida real. Evaluar competencias en lugar de contenidos sueltos es, en teoría, una forma de medir lo que de verdad queda al cabo de los años.
En la práctica, la calidad de la implementación depende mucho del centro. Hay departamentos que han hecho un trabajo serio de concreción y producen evaluaciones ricas; otros han traducido sus exámenes de siempre a una rúbrica de cuatro niveles y han llamado a eso "competencial". Los dos están haciendo LOMLOE. Solo uno de los dos está aprovechando lo que el modelo ofrece.
Para empezar mañana
Si llegas hasta aquí y te preguntas por dónde empezar a hacer mejor evaluación criterial, una secuencia razonable es:
- Toma una unidad que vayas a impartir el próximo mes.
- Identifica la competencia específica principal que vas a trabajar.
- Selecciona dos o tres criterios de evaluación que vas a usar para medirla.
- Redacta descriptores para cada criterio en cada nivel (IN/SU/BI/NT/SB). Si te quedas en blanco, parte del nivel SU como punto medio y construye los demás como pasos hacia arriba o hacia abajo.
- Comparte los descriptores con el alumnado al inicio. Una rúbrica que solo conoce el profesor es una herramienta de calificación; una que conoce el alumnado es una herramienta de aprendizaje.
No hace falta hacer esto con todas las unidades del año a la vez. Hace falta hacerlo bien con una. La siguiente cuesta la mitad.